Pesadillas en el contrariedad: no las temas, por Isabel Menéndez


Durante el contrariedad se produce todo un trayecto psíquico muy engorroso que acompaña a las transformaciones corporales. Las relaciones que la futura mamá mantiene con su propia origen están en el centro de esta cambio psicológica y, si ha habido conflictos, pueden aflorar en forma de pesadillas.

Inconscientemente, en esos meses la en estado de buena esperanza evoca lo que vivió durante de su infancia. Se manifiestan incluso procesos emocionales que se resisten a registrarse con palabras. Nos referimos a angustias infantiles muy primarias, como el miedo a ser abandonada.

La mujer sabe que pronto llegará el parto y el estado de fusión con el bebé se acaba.

El contrariedad implica una crisis imprescindible tan creativa como intensa, que marca un punto de inflexión entre lo pueril y lo adulto, entre el cuerpo precedente y el que acoge a un nuevo ser, entre la identidad como hija y la nueva identidad cuidadoso. No se es la misma posteriormente de tener un hijo y es preciso crear un espacio para construirse como origen.

Los temores y fantasías que acompañan a la en estado de buena esperanza tienen que ver con esa dificultad. Esos miedos pueden ir acompañados por sentimientos de ambivalencia en dirección a el futuro hijo –y en dirección a sí misma– que se expresan en síntomas físicos y psicológicos. Las inquietudes de la futura origen se relacionan con las dudas e inseguridades que le plantea ese nuevo ocupación. Aparece el miedo a no estar a la cumbre de las demandas del bebé y la angustia que en algunas mujeres provoca el miedo al parto.

No es raro que, durante los primeros meses de contrariedad, se sufra un cierto estado de somnolencia. La psicoanalista Raquel Soifer, en su obra Psicología del contrariedad, parto y puerperio, sostiene que en los primeros momentos de la formación la en estado de buena esperanza vive una regresión, entre cuyos síntomas señala esta obligación de amodorrarse. En alguna medida, corresponde a una identificación con el feto. Incluso se produce un retraimiento en dirección a sí misma.

La en estado de buena esperanza suele soñar con bebés que guardan más relación con el bebé que ella fue en otro tiempo que con el que está esperando. Quiere que su caprichoso sea bueno y puede angustiarle la idea de que tenga malformaciones. Tales malformaciones son en verdad una metáfora de lo que ella ha sentido como carencias y teme transmitir a su hijo.

Las claves:

  • El seguimiento del padre relaja en gran parte la ansiedad que puede morar la mujer durante la formación. En función de cómo viva él su nuevo ocupación de padre, ella tendrá veterano o beocio inquietud.
  • Es recomendable conversar de las fantasías y los temores que se tienen cuando se está en estado de buena esperanza.
  • Luego del parto, puede producirse alguna pesadilla que proviene de inseguridades relacionadas con el nuevo papel, pero suelen desaparecer pronto.

Angustia de separación

Blanca estaba en estado de buena esperanza de seis meses cuando tuvo una pesadilla que la despertó de repente. Escasamente se acordaba de cero, pero las imágenes la habían asustado mucho. Cuando llegó a la consulta de la psicoterapia a la que acudía, empezó a conversar y dijo: “He tenido una pesadilla horrible, pero no me acuerdo de casi cero”. Tras unos instantes de silencio, añadió: “Había mucha matanza, me tenían colgada del techo y un hombre que debía de ser el médico, con un bisturí muy amplio, se acercaba a mí y me decía que tenía que separar de mi cuerpo los brazos y las piernas. Mis manos y mis pies eran caritas de bebés y estaban tan asustados como yo”. “¿Qué te sugiere la idea de “separar” del cuerpo de una origen a un bebé?”, le preguntó su psicoanalista, porque la palabra “separar” es esencia en el relato de este sueño.

En ese momento Blanca rompió a lloriquear y comenzó a relatar la historia que vivió cuando ella era bebé. Contó que la habían separado de su origen cuando al punto que tenía unos meses de vida y la habían llevado a morar con su abuela. Luego, cuando tenía año y medio, se la devolvieron a su origen y la separaron de su abuela. Demasiados cambios para un bebé que estaba comenzando a construir su “yo” en el primer año y medio de vida y necesitaba una figura materna fija. Por esta sucesión de circunstancias, la angustia de separación era muy reincorporación en Blanca. Los cambios que había vivido en su infancia fueron traumáticos. Cuando su hijo nazca, ella se tendrá que separar del cuerpo de su hijo y supone que, como le sucedió cuando la separaron de su origen, el bebé se asustará por la separación del parto. Se identifica con él y teme hacerle daño, aunque lo que en verdad angustia a Blanca es la conmoción traumática que sufrió frente a la separación de la figura materna y los afectos ambivalentes que sintió en dirección a ella.

La palabra: el inconsciente

  • Sigmund Freud definió el inconsciente como uno de los sistemas que componen nuestro artilugio psíquico. Está constituido por contenidos reprimidos a los que les ha sido inepto el camino a la conciencia.
  • Lo que se vive en el inconsciente examen un modo de expresión y lo encuentra cuando consigue establecer un acuerdo con el sistema consciente, un acuerdo en el que los contenidos latentes se transforman para salir a la conciencia de forma que pueda asimilarlo. Otras formas de expresarse son los actos fallidos, los lapsus y las fobias.

En el posterior trimestre del contrariedad suelen ser más habituales los sueños. A menudo, la origen sufre pesadillas con imágenes violentas que dificultan el auténtico refrigerio. Sabe que pronto llegará el parto y el estado de fusión con el bebé se acabará. Las fantasías de la en estado de buena esperanza pueden expresarse en forma de pesadillas sangrientas o en pérdida de partes del cuerpo. Estos sueños turbadores son normales y permiten expresar las angustias que siente la en estado de buena esperanza.

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