Mandíbulas que crujen y oídos que pitan: audición a tu cuerpo


El cuerpo humano es una obra maestra de ingeniería, una maquinaria correctamente ensamblada de huesos, músculos, articulaciones y órganos que trabajan acompasadamente. En ocasiones, sin retención, las piezas de esos delicados engranajes chirrían, crepitan, se quejan… Y una de las claves para atender nuestra lozanía es afinar el aurícula y aprender escuchar. Porque el organismo nos manda mensajes, de forma silenciosa (el estrés, el cansancio, los cambios de humor…), pero igualmente en forma de sonidos. Prestamos atención a algunos de los ruiditos más comunes, que en la mayoría de los casos no revisten reserva, pero esa señal sonora igualmente puede ser una sorpresa que nos permita precaver o diagnosticar problemas de lozanía. Te enseñamos cómo distinguir una opción de otra.

1. Me cruje la mandíbula

Abrimos y cerramos la boca unas 5.000 veces al día. Y la articulación temporomandibular (ATM), que une la mandíbula inferior con el hueso temporal del cráneo, es la que lo hace posible. Los expertos aseguran que hasta el 70% de la población padece en algún momento problemas en ella, problemas que cursan con chasquidos, dolor facial o dificultad para masticar. “Hay varias causas que pueden provocar ruidos al rasgar la boca; una de las más frecuentes es el desplazamiento del menisco que hay interiormente de esa articulación. Otra causa frecuente es la subluxación mandibular por una transigencia excesiva de la boca o, en ocasiones, una hiperlaxitud articular”, explica la doctora

Mª del Carmen Benito Vicente, vocal de Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial de la Comisión Científica del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid.

¿Debo preocuparme? “En determinados casos y bajo circunstancias que sobrecarguen la mandíbula, el desplazamiento discal o meniscal puede avanzar y es cuando aparecería la distrito de transigencia de la boca que, a veces, acaba degenerando en artrosis”, señala la doctora. Por eso, si los crujidos mandibulares son habituales, conviene aparecer al doble para valorar su causa y su importancia. Este debe aconsejar al paciente para no sobrecargar las articulaciones y, en caso necesario, indicar el procedimiento adecuado. “Si los chasquidos son muy fuertes, impiden los movimientos o van acompañados de dolor, hay una depósito de tratamientos que incluyen fisioterapia, férulas de reposición o técnicas quirúrgicas más o menos invasivas, que van desde la artrocentesis a la artroscopia o técnicas de reposición discal. Lo importante es eliminar el dolor cuando lo hay y recuperar la función”, afirma la dra. Benito Vicente.

2. Me pitan los oídos

Los acúfenos o tinnitus son esos zumbidos o pitidos más o menos intensos que percibe nuestro aurícula, pero que no responden a ningún sonido exógeno. Se comercio de una variación del sistema nervioso que todo el mundo puede examinar en algún momento de su vida de forma pasajera. Sin retención, en torno a de un 8% de la población padece este problema de forma crónica. Aunque no se conoce el origen de esta dolencia, sí existen algunas pistas, porque hay condiciones que se ha comprobado que se repiten entre los pacientes con tinnitus: “Una de las causas de los acúfenos es ocurrir estado expuesto a ruidos muy fuertes de forma habitual. Esto tiene una gran incidencia en trabajadores como pilotos, músicos, personas que trabajan en las obras… En muchas ocasiones, los acúfenos igualmente son un objeto secundario que aparece por la ingesta de medicamentos. De hecho, en el mercado coetáneo se contabilizan más de 200 medicamentos que pueden producir acúfenos”, señala el doctor Guillermo Plaza Longevo, cabecilla de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.

¿Debo preocuparme? El tinnitus puede ser huella de patologías tan sencillas como tener un tapón de cera o de otras condiciones de lozanía, como sufrir alguna anomalía en el cuello o en la mandíbula. Las enfermedades cardiovasculares, las alergias o la diabetes igualmente pueden estar relacionadas. Conviene consultar con el doble cuando aparecen porque, aunque no son graves, sí son muy molestos. La buena comunicado es que hay distintas opciones de tratamiento. “Poliedro que la percepción del acúfeno es un aberración complicado sujeto a la variabilidad en el control cerebral de la percepción auditiva, los tratamientos pueden ir dirigidos al aurícula interno o al control cerebral”, indica el dr. Guillermo Plaza. Para el aurícula pueden utilizarse vasodilatadores, como la betahistina o el nimodipino, y está en investigación una nueva molécula (la AM-101) para uso intratimpánico, que está ofreciendo resultados prometedores. Por su parte, para el control  cerebral cortical sobre el acúfeno crónico, es habitual usar fármacos que regulan el sistema nervioso central como la melatonina, el gingko biloba o las benzodiacepinas. Y, más allá de los fármacos, la terapia sonora resulta muy útil: consiste en explicar al paciente cómo alcanzar una tolerancia y acomodo a su ruido a través de música. En el interior de la terapia de reentrenamiento del tinnitus es la técnica con mejores resultados.

3. Me suenan las tripas

Solemos referirnos de esta forma a poco que en términos médicos se denomina borborigmos y que se definen como los sonidos intestinales incontrolables y audibles sin falta de utilizar instrumental médico específico como un estetoscopio. “En la mayoría de los casos, la existencia de estos ruidos no tiene ninguna significación”, tranquiliza el dr. Manuel Argüello, cabecilla del Servicio de Cirugía Militar y Digestiva del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

¿Cuándo debo preocuparme? Los borborigmos son indoloros y, en normal, sin maduro importancia, pero en determinadas circunstancias el aumento de tránsito intestinal o su aumento de violencia sí pueden significar un problema médico. “Esto sucede cuando, por ejemplo, existe una obstrucción al tránsito intestinal natural. En este caso, el intestino intenta vencer la obstrucción y se produce un aumento en los ruidos producidos por su actividad”, advierte el doctor Argüello. En estos casos, el borborigmo se acompaña de otros síntomas, como hinchazón ventral, dolor e incluso vómitos. Por ello, delante la aparición de ruidos intestinales aumentados, persistentes y más si se acompañan de alguna de estas otras señales, hay que aparecer al médico. Cuando no se cumple ninguna de las anteriores premisas de peligro, no pasará de ser un hecho fisiológico que, como mucho, puede resultarnos incómodo. Para minimizarlo, deberíamos evitar la ingesta excesiva de vendaval con la deglución: esto implica una masticación lenta, con salivación no excesiva, no masticar chicle y evitar las bebidas gaseosas. En caso de que esto no sea suficiente, el médico podrá añadir a estas medidas prescripción antiespumante, que reduce la formación de vendaval en el tubo digestivo.

4. Me rechinan los dientes

Es tan popular (afecta al 70% de los españoles) que ya nos hemos familiarizado con su nombre técnico: bruxismo. Un costumbre que consiste en agobiar o crujir los dientes de forma inconsciente. Hay dos tipos: el de ayuno, que ocurre cuando estamos despiertos y no suele producir sonidos; y el que produce el peculiar ruidito, el bruxismo del sueño, que cursa con el desgaste de los dientes porque los rechinamos mientras dormimos.

¿Necesita tratamiento? Sí, y por otra parte cuanto antaño.

¿El peligro? Desgaste, fracturas de dientes, movilidad de las piezas… Así que si practicas ese irritante costumbre, no lo dejes suceder: es conveniente un diagnosis precoz para evitar el mayor daño y la falta de tratamientos restauradores más agresivos en el futuro. “Si no se maneja adecuadamente, el bruxismo puede conllevar a una atrición exagerada de los dientesy en muchos casos la pérdida de los mismos”, advierte la dra. Mª del Carmen Benito Vicente. [La atrición es un desgaste gradual y fisiológico del esmalte y en algunos casos de la dentina, al contacto de diente con diente] . ¿Y qué se puede hacer? Adicionalmente de vigilar las causas involucradas en el bruxismo (como el estrés o ansiedad de fondo) y tratarlas de forma individual, hay que intentar eliminar los factores de peligro, sufrir a agarradera un tratamiento restaurador, reponer lo que se haya desgastado y frenar el desgaste mediante una férula de descarga. La férula es una mecanismo de acrílico duro realizado a medida, que se interpone entre las dos arcadas dentarias evitando que los dientes rocen entre sí y se desgasten.

5. tengo hip-hip-hipo

Su nombre sabio es singultus y consiste en una serie de contracciones espasmódicas, súbitas e involuntarias de la musculatura inspiratoria, seguidas de un cerrojo repentino de la glotis.

¿Debo preocuparme? Es un aberración asiduamente bienhechor y autolimitado. Sin retención, “a veces los episodios de hipo recurrentes, muy frecuentes o mantenidos más allá de 24/48 horas pueden ser un signo de enfermedad y constituir un problema para el paciente, ya que interfiere funciones como la ingesta o el alivio”, advierte la dra. Rosana Rouco, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Sanitas CIMA. Por eso, siempre que tenga una duración anómala, el hipo es motivo de estudio para descartar causas ocultas como alteraciones estructurales, enfermedades sistémicas (reflujo gastroesofágico, hernia de hiato…), afectaciones del sistema nervioso (meningitis, encefalitis, ictus y otros problemas vasculares), trastornos metabólicos (diabetes, uremia…) y afectaciones torácicas.

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